No es un caso menor ni pasajero. Lo que está sobre la mesa es la presencia de plomo en la sangre de menores y eso, por sí solo, coloca el tema en nivel de urgencia. Las pruebas aplicadas a cientos de niños confirmaron concentraciones del metal que implican riesgos para su desarrollo neurológico.El asunto dejó de ser técnico en cuanto aparecieron los nombres y los cargos. Desde el Congreso local, la presidenta de la Comisión de Salud, Claudia Chapa, y la diputada del PT, Guadalupe Rodríguez —también responsable de los Cendi donde se realizaron los estudios— entraron al debate. Del lado del Ejecutivo, el Secretario General de Gobierno, Miguel Ángel Flores, anunció que la administración estatal participará en la investigación y en la aplicación de pruebas.Pero el punto central no está en las posturas, sino en las decisiones. Sobre la mesa ya está la exigencia de que las autoridades absorban el costo total de los estudios y amplíen su alcance a estudiantes de distintas edades en Nuevo León para descartar riesgos.Aquí no hay margen para interpretaciones cómodas. La Organización Mundial de la Salud lo ha establecido: no existe un nivel seguro de plomo en el cuerpo humano. Cualquier presencia implica riesgo y cada organismo responde de forma distinta. El problema, por tanto, no admite dilaciones.