El anuncio de recortar el ciclo escolar y adelantar prácticamente un mes el cierre de actividades académicas ya comenzó a generar inconformidad entre padres de familia, particularmente en los CENDI de Nuevo León, donde muchos consideran que la medida fue tomada sin evaluar el impacto real para miles de hogares.En el caso de los Centros de Desarrollo Infantil operados por la Secretaría de Educación y vinculados en su mayoría al Frente Popular Tierra y Libertad, el malestar crece por lo que representaría un periodo vacacional cercano a los tres meses, algo sin precedente en el sistema educativo del país.Más allá del argumento oficial sobre las altas temperaturas y las ondas de calor previstas para el verano, padres de familia cuestionan que se reduzcan días de clases cuando los niveles educativos atraviesan una crisis evidente y los rezagos académicos siguen acumulándose.El problema no es menor. Para miles de familias trabajadoras, extender las vacaciones implica un gasto adicional, problemas de cuidado para niñas y niños, así como dificultades para mantener rutinas educativas y de desarrollo durante tanto tiempo fuera de las aulas.A esto se suma otro frente de presión: la CNTE ya advirtió que mantendrá el calendario escolar normal, dejando en evidencia la falta de consenso dentro del propio sistema educativo y anticipando posibles conflictos en distintas entidades.Aunque oficialmente se plantea que las clases concluirán el 5 de junio y posteriormente solo quedarán pendientes actividades administrativas y del personal docente, también existe la percepción de que detrás de la decisión pesan factores externos, entre ellos la organización del Mundial de Futbol 2026.Con Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara como sedes, el temor es que se priorice la logística del evento internacional por encima de la estabilidad educativa. Entre afectaciones viales, movilización de visitantes y ajustes operativos, la sensación entre muchos padres es que el sistema educativo volvió a quedar en segundo plano.